Netanyahu, la policía y el terremoto

26/Feb/2018

Uypress, por: Ana Jerozolimski

Netanyahu, la policía y el terremoto

Aún no hay acta de acusación formal y por ende tampoco
juicio. O sea que el Primer Ministro de Israel Biniamin Netanyahu, es inocente
hasta que se muestre lo contrario, como lo indica la ley. ¿De qué? De las
diversas y múltiples sospechas de soborno, fraude y abuso de confianza en los
distintos casos en investigación.
Hay sí cajas y cajas de material recabado en sendas
investigaciones policiales, resúmenes tajantes en dos de los expedientes
(llamados 1000 y 2000) , sospechas aún no confirmadas en un tercero (3000) …y
una sorpresa impactante en el cuarto, el 4000. Tan impactante que en Israel se
habla de terremoto. Y del fin de la era Netanyahu.
La policía recomendó imputar a Netanyahu en los dos primeros
casos. El expediente 1000 se trata de obsequios recibidos por el Primer
Ministro y su esposa durante 9 años por un monto total de cerca de 300 mil
dólares, de dos magnates de la cinematografía, especialmente de Arnon Milchen ,
por quien-supuestamente- Netanyahu habría tratado de promulgar una ley que le habría
beneficiado en sumas millonarias.
El caso 2000 es el de los contactos entre Netanyahu y el
dueño del periódico Yediot Ahronot, quien a cambio de una cobertura
favorable  en lugar de la línea crítica
de siempre, pedía al Premier que le favorezca económicamente reduciendo la
difusión del periódico de la competencia «Israel Hayom», propiedad
del multimillonario Sheldon Adelson,muy cercano en aquel momento a Netanyahu.
Según la sospecha, Netanyahu intentó en efecto concretar ese intercambio.
Pero ahora, la última «bomba» se refiere al giro
sorprendente que hubo en el «caso 4000». Según analistas políticos y jurídicos
diversos que se han manifestado estos días, conducirá indefectiblemente a la caída
del Primer Ministro. Se trata de la firma de un acuerdo por el cual servirá
como testigo por el Estado  Shlomo
Filber, el más cercano confidente de Netanyahu en los últimos 20 años,
suspendido desde hace un tiempo de su cargo de Director General del Ministerio
de Comunicaciones.
Filber fue el domingo pasado
uno de los siete detenidos en relación al caso conocido como
«Bezeq», el gigante de telecomunicaciones de Israel. Según se
sospecha, él tramó  dar al Primer
Ministro y su familia una cobertura favorecedora en el portal de noticias Walla
a cambio de grandes beneficios a Bezeq, en el que la mayoría de las acciones
son del empresario Shaul Alovich, que es también el dueño del citado medio
periodístico.
El periodista israelí Ben Caspit presentó a Filber como
«el oficial de operaciones encubiertas más cercano e íntimo que Netanyahu
ha tenido en generaciones». El hecho que alguien como él haya aceptado
firmar un acuerdo como testigo por el Estado, expone totalmente al Primer
Ministro.
«Ya está, se
terminó», escribió Janoj Daum, un publicista favorable a Netanyahu en el
periódico «Yediot Ajronot» de este miércoles. Y no con alegría.
Es que no cabe aquí lugar ninguno para la alegría. Que los
críticos de Netanyahu, sus adversarios políticos, quieran que ya no esté al
frente, es legítimo y natural. Dudamos en que alguno de ellos, salvo casos
extremos, quiera verlo en prisión. O que se alegren por la forma en la que
probablemente, si todo esto se confirma, llegue realmente al fin de su carrera
política.
Aunque Netanyahu sea inocente hasta que se demuestre lo
contrario, aunque por ahora haya solamente sospechas y no imputación ni
declaración de culpabilidad, con o sin Shlomo Filber, estos son días tristes
para Israel.
De acuerdo a la ley en Israel, un Primer Ministro debe
ineludiblemente dimitir recién cuando es hallado culpable en juicio por un
crimen de turpitud moral y cuando se trata ya de su proclamación como tal en
última instancia, o sea ni siquiera en la etapa previa en la que aún tiene
derecho a apelar.
En otras palabras, desde un punto de vista legal, está lejos
del momento en que tenga obligación de dimitir o pueda ser defenestrado por el
Parlamento, por una mayoría especial de 61 diputados de los 120. En los casos
1000 y 2000, que la policía ya resumió recomendando imputarlo por soborno, todo
depende de la decisión que tome el asesor jurídico del gobierno, que es quien
por ley es quien determina si se imputa o no al Primer Ministro, en base al
material recabado por la policía. En el caso 4000 por el cual se habla de
«terremoto», aún está en investigación. O sea, falta mucho hasta que
se llegue al momento en que por ley Netanyahu debería dimitir.
Pero la discusión en este momento, no es jurídica sino
pública.
Para entender por qué, basta con una cita significativa.
«Debo decir que hay razones para temer que un Primer Ministro que está hasta el
cuello bajo investigaciones, no tiene mandato moral y público para determinar
decisiones claves para el destino de Israel. Es justificado temer que tome
decisiones de acuerdo a su interés personal de sobrevivir políticamente y no en
base al interés nacional».
Esta frase no la dijo ahora un político opositor al Primer
Ministro Netanyahu . La dijo el propio Netanyahu el 13 de diciembre del 2008
cuando era el jefe de la oposición, en relación al entonces Primer Ministro
Ehud Olmert, en una entrevista concedida al canal 2 de la televisión israelí.
Y en aquel momento, la situación de Olmert -que luego en
efecto fue a la cárcel- era mucho menos grave que la actual de Netanyahu. En
aquel entonces, Olmert aún estaba siendo investigado y no había por ende
todavía un resumen de la policía respecto a si esa investigación podría
conducir a un juicio, mientras que respecto a Netanyahu, la policía ya publicó
su resumen de las investigaciones en dos de los casos investigados, recomendando
explícitamente imputarlo por soborno, fraude y abuso de confianza.
Netanyahu sabe que ser Primer Ministro de Israel es una
misión singular. El mismo habla reiteradamente sobre la responsabilidad que
ello requiere, la cantidad de veces que suena el «teléfono rojo»,
sobre lo duro de la lucha anti terrorista, la necesidad de alerta constante.
Y  también sobre la amenaza de Irán.
No puede lidiar con ello quien tiene la cabeza en las
investigaciones y posibles juicios. No es digno. No es apropiado. No
corresponde. Aunque aún no se pueda afirmar que es culpable.
Cuando Olmert estaba siendo investigado y Netanyahu era jefe
de oposición, puso en tela de juicio los verdaderos motivos de un plan de
negociación con Siria , sugiriendo que eran un intento de distraer y que de
todos modos, no tenía autoridad moral para ello.
No hay razón para que se vea distinto a Netanyahu en
cualquiera de los otros temas importantes que maneja, sean de guerra o de paz.
Por más capaz que sea. Por mejor que haya manejado las relaciones
internacionales de Israel. Por mejor que esté la economía.
Consideramos que Netanyahu fue siempre cauteloso y
responsable en términos de su política de seguridad y supo no lanzarse a
aventuras, frenando a otros miembros de la coalición que exigían mano dura en
situaciones que podrían haberse ido de las manos peligrosamente. Pero no se debe correr el más mínimo riesgo
de que en situaciones que pueden ser de vida o muerte, el Primer Ministro tome
una decisión equivocada.
Todo esto ya ha causado un gran daño al país. Netanyahu,
airado, ha acusado a todos los involucrados en sus investigaciones. Atacó
duramente a la policía y al propio Inspector General al que él mismo había
nombrado, dando a entender o diciendo explícitamente que no actuaron en forma
honesta. A cada información sobre algo relacionado a la investigación,
reacciona afirmando que lo que hay aquí es presión de los medios de
comunicación y un intento de quitarlo del camino. Con esos ataques, socavó la
legitimidad y autoridad ante del público, de la propia policía, que tiene sobre
sus hombros la responsabilidad de hacer respetar la ley.
Sea o no culpable, con ese mensaje, lo seguro es que
Netanyahu ya ha hecho mal al gobierno de Derecho en Israel. Tiene todo el
derecho de decir «soy inocente», pero no a echar basura a la policía
y a los medios todos, como si aquí hubiera una persecución política que inventa
fantasmas para, como él mismo ha dicho más de una vez, «lograr mediante
investigaciones, lo que no pueden lograr en las urnas».
Dentro de todas estas sombras, buscamos algo de luz. Y la
hallamos en el hecho que en Israel, el Primer Ministro no está por sobre la
ley.
Aún así, hoy, no sentimos que haya nada que
festejar.